sábado, 17 de abril de 2010

Recordando a una mujer en abriles de república.

Muchas mujeres combatieron en primera línea de batalla.
Rosario Sánchez se alistó con 17 años dejando atrás un dudoso futuro como costurera. Su única idea era la de defender la República.
Sin saber nada de armas ni tener entrenamiento militar, tomó lecciones, hizo guardias y acabó en el grupo de dinamiteros y dinamiteras que defendían una de las lomas en el frente de Somosierra. Allí perdió una mano manipulando dinamita, y casi pierde la vida a causa de las heridas.
Después de la convalecencia volvió al frente, como sargenta y jefa de las carteras y carteros en una división en Brunete.
Posteriormente trabajó también con Dolores Ibárruri, reclutando mujeres para que sustituyeran a los hombres en sus oficios mientras luchaban en el frente ... Las milicianas representaban una imagen moderna y audaz de la República, pero sus compañeros no siempre las aceptaron. En 1937 el Gobierno ordenó su retirada de los frentes... (El País)
Terminado el infierno de una guerra, comenzaba un infierno igual de terrible: los años de dictadura. Rosario perdió a su padre, fusilado en Alicante, y cuyo cuerpo nunca se encontró. La separaron de su hija y pasó un calvario de tres años de cárcel en cárcel.
Curiosamente, el día que la liberaron, un 28 de Marzo de 1942, moría Miguel Hernández, que años antes había dedicado una poesía a La Dinamitera.
Sobrevivió a la dictadura vendiendo tabaco de contrabando y haciéndose cargo de un estanco en la Plaza de Cibeles, en Madrid.
Murió hace dos años; Republicana, valiente y honrada, como la recuerdan las personas que la quisieron.




Rosario Sánchez Mora, conocida como La Dinamitera, (Villarejo de Salvanés; 21 de abril de 1919 - Madrid; 17 de abril de 2008), miliciana española de la Guerra Civil.

Rosario, dinamitera
Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.

Nadie al mirarla creyera
que había en su corazón
una desesperación,
de cristales, de metralla
ansiosa de una batalla,
sedienta de una explosión.

Era tu mano derecha,
capaz de fundir leones,
la flor de las municiones
y el anhelo de la mecha.

Rosario, buena cosecha,
alta como un campanario
sembrabas al adversario
de dinamita furiosa
y era tu mano una rosa
enfurecida, Rosario.

Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.

¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

Rosario, dinamitera,
puedes ser varón y eres
la nata de las mujeres,
la espuma de la trinchera.

Digna como una bandera
de triunfos y resplandores,
dinamiteros pastores,
vedla agitando su aliento
y dad las bombas al viento
del alma de los traidores.


Miguel Hernández.

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